sábado, 28 de febrero de 2009

27-F Explorando nuevos valles

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El oficio de esquiador es muy pero que muy duro. Que si sube por aquí, por allá, baja por un lado, luego por otro… y así sin parar jornada tras jornada. Y encima, cuando toca anticiclón como estas últimas dos semanas, hay que laborar con Lorenzo castigando con ganas.

Las pistas de San Isidro, las de Fuentes de Invierno, los fuerapistas de las dos … ¡vaya ajetreo! Y por si eso fuera poco, también los sufridos esquiadores de la Cordillera Cantábrica también tenemos que explorar a menudo nuevos y lejanos valles para dejarlos marcados con bonitas huellas.

El viernes 27 de febrero tocaba precisamente eso, incursión en un inmenso territorio virgen desconocido para todos menos para Ivi, el primer orco en descubrirlos y para Briatore, avanzadilla y organizador de la orcoexcursión desde el Agujas hasta Valdelugeros.

Apretando los dientes para acallar las protestas del recientemente fracturado peroné, me sumé a la escalada tras las pisadas de 16 integrantes de la manada para coronar el Pico Agujas. A punto estuve de dar media vuelta en medio de la subida, pero mi compañero de “trabajo” Chus cargó con mis esquís y con la pesada mochila en la que llevo cámara, objetivos varios, gps y demás cacharrería para que pudiera alcanzar la cima, punto fijado como punto de partida.

Una vez arriba, los 16 currantes de mono blanco nos tiramos por las iniciales palas empinadas (velocidad máxima registrada por el gps de 95,2 km/h), sinuosos tubos, bosques de abedules y campos de cotollas que nos aguardaban.

Montones de huellas en el inmaculado manto níveo dejaron constancia de las líneas utilizadas por los exploradores para sortear los obstáculos y trampas con los que la Madre Naturaleza ponía a prueba nuestra osadía.

Más de 6 kilómetros de ruta blanca para llegar desde los 2.025 mts. de altitud del Agujas hasta los 1.290 de Valdelugeros. Dos horas de dura faena para los orcos que temporada tras temporada intensamente faenamos en las montañas del Norte.

Menos mal que Dios aprieta pero no ahoga y en la meta descubrimos un precioso bar donde pudimos saciar la sed y aliviar la tensión acumulada en las 32 piernas. Nos subimos en los 4 coches que los orcos de León habían dejado aparcados en Valdelugeros y regresamos a San Isidro por la carretera de Vegarada.

Al final, prueba superada. A ver cuál es el próximo lío en el que nos mete Briatore. Es que no hay derecho, carajo, que ni tiempo a descansar tenemos…

Acá unas cuantas fotos de la ruta (y de un entrenamiento de slalon en Fuentes):




Saluttis y hasta pronto

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola vecino,un saludo de parte de felipe y comentarte que en la encuesta va ganando le opcion 4. ja ja ja.
Un saludo tambien de mi parte.
Eduardo...

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