miércoles, 11 de marzo de 2015

Ruta desde San Isidro (Requejines) a Villaverde de la Cuerna


Aquí estoy de nuevo con otra ruta primaveral, la mejor hasta la fecha de todas las que en compañía de los orcos de la cordillera cantábrica he tenido el placer de descubrir en la última década.

El martes es el “día del esquiador” en San Isidro, una estupenda oferta en esta temporada 2014/15, y con el forfait rebajado a 13 euros muchas y muchos se animaron a pasar la soleada jornada disfrutando de tanta nieve caída últimamente. El parking lleno como si fuera fin de semana y aunque no llegaron a formarse colas significativas en los remontes, la estación estaba demasiado poblada para el gusto de los orcos. Un buen motivo para cambiar las laderas llenas de gente por la soledad de la montaña.

Así que cuatro orcos de León y tres asturianos subimos la pala de la antena (unos 20 minutos) y desde ahí bordeamos la cornisa del Cuerna (otros 10 ó 15) para desde la cima del pico que encierra Requejines iniciar una kilométrica ruta con llegada a Villaverde de la Cuerna, pequeño pueblo de montaña (solo 3 habitantes) donde los leoneses habían dejado aparcada una furgoneta que nos llevó de vuelta a Río Pinos.

Salvo Briatore, que se las sabe todas, ninguno habíamos hecho esta ruta. De hecho yo ni siquiera había oído hablar de Villaverde de la Cuerna… pero ya nunca olvidaré ese nombre, el del destino de la gran bajada (unos 10 kilómetros) con interminables palas de buena pendiente al principio (en el primer kilómetro pasamos de una altitud de 1940 m a 1820 m) y varios valles y hoces que siguiendo el curso del arroyo de Fargas desembocan en Villaverde de la Cuerna, uno de los pueblos más altos de León con sus 1430 m.

La primera vez que esquié en San Isidro, fue cuando tenía 11 ó 12 años; ya tengo más de 50, y no me canso de la estación. Aunque ya sumo unos cuantos cientos de jornadas desde aquella primera vez que subí a Sani, acompañado por mi hermana mayor, cada día es una página en blanco y el dominio no deja de sorprenderme con su versatilidad: cuando parece que ya lo tengo todo visto y esquiado, siempre hay algo nuevo que hacer, como ocurrió el martes con la sorpresa de conocer esa forma diferente de pasar el día. Por eso, y por la compañía de mis amigotes los orcos, es por lo que cada nueva temporada disfruto más y más, por muy alto que haya quedado el listón de buenos momentos en las temporadas anteriores.

En las fotografías se puede comprobar la belleza del recorrido, lo que no se ve en ellas es la sensación de goce que nos llenaba a los suertudos que hicimos la excursión, pero seguro que sirven para intuir lo bien que lo pasamos.

Un saludo y hasta la próxima.


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